jueves, 28 de abril de 2011

Giorgia Ricci. Delicata mostra


Posted by: Gala Fernández
Cercano al monte Eliade, donde confluyen los ríos Tigris y Eúfrates, allí donde situaban la utopía, nació Artenea. Artenea, ausente de identidad única, sin saber apenas si en ocasiones se llamaba Atemisa, nació de las sombras de la oscuridad en las que nada tiene explicación a través de la vista. Sin embargo, Atemisa, desde su misma generación por aquello que nombraba la ausencia de ser, deseaba buscar una explicación racional a todo. Ella era conocimiento y fuerza, racionalidad y sentimiento, cultura y naturaleza animal, pero, ante todo, era un híbrido. Híbrido como aquellos que genealógicamente conocen y no conocen cuál es su forma de actuación, como aquellos seres que rozaron y no alcanzaron, o como aquellos que alcanzaron y no rozaron lo que era una norma.
Artenea era intocable, invisible, inmensamente bella y sabia. Ordenaba aquello que pertenecía a la cabeza y escuchaba el eco que vivía en el corazón. Para cada momento, Atemisa sabía conjugar el poder de la Razón y el Sentimiento, de la Pasión y la Luz, de las Sombras y la Inteligencia.
Sin embargo, el carácter único de Atemisa no era el gran poder de hibridar sus actitudes, sino su forma de adquirir la energía para vivir. Artenea no comía, no digería, no hacía fotosíntesis alguna como los seres de la naturaleza. Ella no comía, sino que necesitaba ser comida. Así, Atemisa apagaba su vida con la soledad de su entorno. Si nadie gritaba su nombre en los acantilados, si Eco, Nardusa o Mecisa no lo repetían a cada momento, Artenea se marchitaba como una flor cortada y expuesta al sol. Sin embargo, cuando alguien en el mundo la recordaba y abría camino a la voz que pronunciaba sus nombres, Artenea renacía en su corazón, latiéndose, hasta el momento en el que llenaba el mundo de grises y rojos.
Atemisa no era inmortal como todos aquellos dioses griegos, no podría sobrevivir a los tiempos del devenir humano. Pero Piferaio, el dios de los dioses del Olimpo decidió que Artenea, con su poder, con su lucha de carácter contra la decadencia de la vida humana, debía devenir inmortal. Así, un día, mientras Atemisa caminaba apresurada y tranquila por los campos llenos de Laurel, Piferaio, disfrazado de músico, conquistó su corazón. Artenea se acercaba a sus labios como si fuese la flauta de Pan de aquel bello fanciulo músico, y mientras los besaba iba sintiendo cómo sus manos se conviertían en ramas, su cuerpo en árbol y devenía aquel ser vivo que tanto tiempo llevaba deseando, el primer Macacus Regenerantis.

Imagen: Gala Fernández. Texto: Nieves Soriano Nieto

David Trullo. Spanked Venus

Fotografía: David Trullo

Video meliora, proboque; Deteriora sequor.

(veo las mejores cosas y las apruebo: sigo las peores)

Ovidio, Metamorfosis.

Macacus Regenerantis


Posted by: Gala Fernández

Nardusa y Mecisa


En los montes de la Magna Grecia, cercana a Etnea, vagaba Nardusa sin rumbo fijo en su devenir de ser mitológico. Con la triste inexpresión por la ausencia de palabra, caminaba paso a paso, muda, esperando que alguien pronunciase unas palabras para repetirlas con su Eco. Su voz habitaba en la sombra, era hija de la noche, sin Éter, sin luz, sólo vivía en la proyección de la alteridad.

La belle et la bête. Jean Cocteau. Fotograma


Posted by: Gala Fernández